Despierto y voy a la cocina, En el camino, veo la escultura verde que adorna el modular. Tomo agua y decido salir del departamento. Comprar algunas revistas es una buena excusa. Bajo chancleteando las escaleras. Hay sol. Apenas algunas personas transitan las calles. En el parlante exterior de la heladeria que se cruza en mi camino suena una cancion de Phill Collins. Es algo raro. No me gustan las canciones de Phil. Me parecen melosas y pretenciosas y en general no significan nada para mi, excepto por una sola.
Camino dos cuadras y el kiosco de diarios esta cerrado. Me dirijo al proximo, tres cuadras mas distante. Ese abre temprano los domingos. En el semaforo de una esquina, tras un vidrio de un auto, lo veo a Luciano.
Luciano es flaco y alto. Es unos años mas grande que yo. Hace tiempo ya, termino dos carreras a la vez y se mudo a esta ciudad. Al comenzar a trabajar, eligió la docencia en un colegio estatal que queda por aquí nomas. Lo reconozco y nos saludamos, y después cada cual sigue su camino.
Cuando arribó, no había muchos colegios. Por concurso le toco uno que le quedaba cerca de su casa. Entraba al mediodía hasta las 4 de la tarde y luego caminaba hacia otro en donde enseñaba otra cosa.
Una tarde como cualquier otra algo sucede. Maria, una alumna de 5to año, espera que se aparte de los demás y le pide un momento para hablar con el, cuando termine la clase. Luciano la mira, y tras un momento le dice que no hay problema. Cuando todos se van, ella entra a el aula con una carpeta marron, toda escrita, apretada contra las tetas que le asoman detrás del guardapolvo, las cuales heredo no hace mucho, de la abuela. No es muy alta. Mide un centímetro menos que el minimo posible para ingresar a la carrera de educacion fisica. Es morocha, el pelo enrulado, los ojos tornan del marron al verde, segun el dia. Nunca tuvo novio. Hace poco se corto el pelo y se ha autoconvencido de que no le queda mal. Y es fanatica de Macgiver. No tiene mucho tiempo, porque la van a pasar a buscar. Junta coraje y se sienta del otro lado del escritorio. Y luego de tomar aire, habla y habla. Luciano la escucha, sin dejar de pestañear
Ella, primero le agradece por escucharla. Lo que tiene que decir, mejor decirlo rapido. Siente los cachetes calientes y el corazon latiendole en los oidos. Hace un esfuerzo por aquietar una rodilla que no le deja de temblar. Finalmente, como quien se tira a alguna pileta desde algun lugar muy alto, habla.
Le dice que esta enamorada, perdida, toalmente de El. Que piensa que es su hombre. Que no le importa la diferencia de edad. Que ahora parece mucha, pero en el futuro, cuando el tenga treinta, ella va tener veinticuatro. Traga saliva y de golpe, se siente extraña, despojada..
El la mira. Mira la carpeta en el escritorio, mira sus ojos. La verdad es que no se lo esperaba.
Finalmente le responde. Le dice que le agradece sus palabras. Habla pausado. Si se lo mira bien, tiene cierto aire a Richard Dean Anderson. Le cuenta que no vino solo a esta ciudad, que tambien trajo a su novia. Y que ademas, mas alla de la diferencia de edad, el es su profesor.
Se produce el silencio. Un momento de lo mas incomodo. Hay algo raro en el aire. Ninguno de los dos dice nada, hasta que Luciano toma la iniciativa y completa su respuesta.
Le dice que piensa que es una buena chica, y que si el no estuviese en una relacion, y ella no fuese su alumna, y fuese mas grande, La invitaria a tomar un helado. Ella deja escapar el aire por la nariz, despacio. Y despues se quedan unos segundos, nuevamente en silencio. Ella siente ganas de llorar, pero no es tristeza, conoce bien cuando ese sentimiento la ataca. Es alivio.
Entones el se para, invitándola a ella hacer lo mismo. El se agacha y le da un beso en la mejilla. Ella agarra su carpeta y se va.
Creo yo que de cuatro posibles caminos Luciano elgio el mejor. En un momento dificil de una adolescente cuyo padre de sangre italiana era un total principiante en tener una hija mayor en el proceso de volverse una mujer, y desconociendo este hecho, Luciano hizo algo que no estaba obligado a hacer.
En ese momento, en el que Ella soñaba con un hombre, un hombre bueno, y alto, que use camisas y que la venga a rescatar, el eligió no romperle el corazón.
No hay mucho secretos que mi hermana me haya contado en su vida, pero esa tarde, apenas llego, dejó en la mesa la carpeta en cuya portada había escrito la letra de una canción, y me contó lo sucedido. Y de algo estoy seguro, entre los pocos secretos que me confeso alguna vez, este es el único que no le conto a nadie mas.
Es por esto, cada vez que lo cruzo y lo saludo a Luciano, secretamente le agradezco su proceder, años atras. No se si el se acuerda de esta pequeña anécdota. Mi hermana de seguro lo recuerda, quizá no lo tenga presente. Muchas cosas significan algo para alguien, cosas que no les contamos a nadie. Demasiadas. Creo que deberíamos contárselas, al menos, a alguna persona que realmente nos importe. Cuando la hay.
cierto. hay que contarlas, de lo contrario se pueden perder por la memoria, y eso no es bueno, no para uno mismo.
ResponderEliminarEs la definicion misma de soledad, esas cosas que nadie sabe...
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